Una brillante actuación de Mikey Madison encabeza un film que sabe combinar romance, comedia y drama a la perfección, ofreciendo una cinta que ha arrasado en la 97ª edición de los premios Oscar.

Anora es, sin duda, la gran protagonista de la última edición de los considerados como los premios más importantes del mundo del cine; los Oscar. Y es qué tras alzarse con cinco estatuillas —mejor película, mejor dirección, mejor guión, mejor actriz protagonista y mejor montaje— la película de Sean Baker se ha consagrado como una cinta de culto que no me cansaré de recomendar para aquellos que aún no han tenido el placer de saborear tal obra. Se trata de una película con tres actos muy claros y que sabe presentar sus cartas a un ritmo que te mantiene pegado a la pantalla, de forma que los primeros compases de la película parecen trazar un rumbo claro que posteriormente girará de forma drástica para ofrecer un cóctel de emociones que bien podría catalogarse como “tragicomedia”.
Anora —O Ani, como ella prefiere que la llamen durante el film— es una bailarina exótica de “lap dance” que ve cómo su vida da un giro de 180º grados cuando se convierte en el capricho de un nuevo cliente tan excéntrico como inmaduro, Ivan, también conocido como Vanya. Hijo de un importante oligarca ruso, el personaje interpretado por un magnífico Mark Eydelshteyn es un joven frenético, irracional e impulsivo que no titubea a la hora de gastar cantidades absurdas de dinero en los servicios prestados por Ani, hasta el punto de negociar su exclusividad. Lo que a simple vista parece una relación basada en dinero y sexo, puramente transaccional, se vuelve difusa y planta la semilla de la duda en el espectador conforme avanza la película gracias a una química espectacular entre Madison y Eydelshteyn. Un primer tramo de la cinta marcado por la forma en la que Baker nos sumerge en la vida de una trabajadora sexual —como ya lo hizo en otra de sus cintas más conocidas, “Tangerine”— y como la repentina aparición de un dudoso “príncipe azul” parece salvarla de un entorno marginal y sexual. Una oferta a la que Ani se tira de cabeza.

Sin embargo, la introducción del segundo tercio se inicia con un cambio de matiz evidente, dotando a la cinta de un tono cómico y una serie de acontecimientos caóticos que saca una sonrisa a aquellos frente a la pantalla en más de una ocasión. Lo que podría ser un contraste incómodo, incluso absurdo, se realiza de tal manera que se integra a la perfección y no hace más que ensalzar la obra. Agrega ritmo, suspense y diversión a una historia de amor superficialmente idílica que comienza a desmoronarse con la aparición de los “matones” a sueldo de la familia rusa. Un tinte histérico y enredado en el que se hace obligatorio mencionar la fantástica actuación de Yura Borisov como Igor —nominado a mejor actor de reparto—, un papel aparentemente secundario pero que no tarda en afianzarse como uno de los personajes de mayor peso en el film.
Llegados a este punto, y con el desenlace de la película por delante, es recomendable no diseccionar esta recta final que termina de convertir la película en una verdadera maravilla. Ese punto final que la dota de un significado tan poderoso como trágico, que conduce la cinta a un terreno crudo y cruel. Impactante. Una delicia que prefiero dejar intacta para todo aquel que aún no haya visto la película.
Se hace necesario, sin embargo, reservar parte de esta reseña para ahondar sobre lo que para mí es la clave del éxito de la película: la interpretación de Mikey Madison cómo Ani. La actriz —anteriormente vista en títulos como ‘Once Upon a Time in Hollywood’ o ‘Scream 5’ entre otros— ha dado un verdadero golpe sobre la mesa y ha puesto su nombre a la altura de grandes estrellas de la pantalla como Demi Moore. Y es que Madison brinda un papel exquisito, arrollador y con una evolución que te encoge el corazón. Una mujer de facciones extraordinariamente expresivas que ha afrontado un papel de inmensa dificultad. Porque Ani no es un personaje plano, sino uno que mezcla elementos de todo tipo: sensualidad, poderío, agresividad, drama, amor, comedia y un largo etcétera que han supuesto un desafío superado con creces. Galardonada con el Óscar y el Bafta, Mikey Madison ha terminado de abrirse paso en la competitiva industria cinematográfica y será sin duda un nombre recurrente de cara al futuro del cine.

A título personal, no me sorprende el éxito de ‘Anora’ y era la película por la que yo mismo me decantaba en los afamados premios de la Academia. Baker hace un trabajo excelso, sin miedo a abordar el contraste de estatus y la obscena relación entre el poder y la pobreza. Hay voces que interpretaron el film como un ensalzamiento de la prostitución, pero no es una opinión que yo comparta. Para mi, ‘Anora’ no es sino un reflejo descarnado de la desesperación de una mujer anhelando un amor auténtico alejado de la connotación objetificada de su profesión y de la explotación de su propio cuerpo, tan cegada por el deseo de sentirse amada como para caer embelesada en los ‘encantos’ —por llamarlo de alguna forma— de un joven preso de los excesos y su impulsividad, que se convierte en su vía de escape de un entorno opresivo. Al final, una clara merecedora de su éxito y el trampolín para estrellas como Mikey Madison, Yura Borisov y Mark Eydelshteyn, de los que espero con ansias en futuros proyectos.

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