RESEÑA DE FLOW: La película de animación del año es un deleite para el ojo, el oído y el corazón

Una historia de supervivencia un en entorno apocalíptico desde la perspectiva de un gato, esa es la aclamada propuesta de Gints Zilbalodis que ha triunfado en el mundo del cine internacional

Fotograma de Flow. Dream Well Studio.

‘Flow’ es una de esos largometrajes que manifiestan el poder de la animación en la industria cinematográfica y como esta variante del séptimo arte es capaz de transmitir emociones sin nada que envidiar a una película convencional. Zilbalodis nos transporta a un mundo sin presencia de humanos, pero con síntomas claros de su existencia reciente a través del entorno en el que transcurre la obra. Durante el largometraje seguimos la historia de un gato negro que ve como el hábitat en el que vive queda destruido por una riada de proporciones prácticamente bíblicas en la que todo su hogar se sumerge bajo el agua. Desesperado por sobrevivir, se ve en la obligación de aliarse con otros animales en su misma situación —un perro, un capibara, un lémur y una garza— y así, en comunidad, salvarse de una muerte asegurada. 

En ‘Flow’ no hay diálogo y la comunicación y expresión de los personajes se ve reflejada a través de elementos sonoros y visuales. Todo sonido animal escuchado en la película ha sido compuesto por grabaciones de animales reales, que sin lugar a dudas ahondan en la profundidad emocional de la película al dotarla de un factor realista en el ámbito auditivo. ¿A quién no le conmueve el tierno maullido de un gatito en peligro? Además, la música que acompaña es otro de los ingredientes que agregan sentimiento en función de lo que acontece, desde miedo a tensión o ternura, una combinación de elementos a los que se ha prestado especial atención para suscitar emoción en el espectador.

En términos visuales, por otro lado, se hace evidente el detalle con el que se han trabajado aspectos como el comportamiento y el lenguaje corporal de todos los animales. De la mano de una animación que no apuesta por el realismo más estricto, Zilbalodis presenta un movimiento natural y expresivo en el que se apoya como una de las herramientas principales para narrar la aventura. Sorprende en este sentido, cómo ha sido capaz de transmitir tanto a través de una animación tan particular, haciendo que el espectador entienda en todo momento por lo que están pasando los protagonistas del largometraje hasta el punto de vincularse emocionalmente con ellos. Y para mi, parte de ese éxito comunicacional reside en el trabajo de los ojos en el proceso de animación. Se dice que estos son el reflejo del alma, un punto de conexión, y en ‘Flow’ se hace uso de estas connotaciones para trasladar el sentimiento tras ellos. Sin duda uno de los grandes puntos fuertes del film. 

Fotograma de Flow. Dream Well Studio

También se hace necesario destacar el cuidado con el que se han realizado los paisajes y entorno natural de la película. La forma en la que se plasma la naturaleza es sencillamente brillante, dotando a la obra de un ambiente mágico y visualmente espectacular en el que te ves sumergido —nunca mejor dicho— desde el primer momento. 

A simple vista, el mensaje de la película del cineasta letón parece ser la necesidad de grupo entre especies tan diferentes para afrontar una realidad adversa y alcanzar un bien común, pero considero que el verdadero mensaje gira en torno al aprendizaje. Todos los animales del elenco protagonista se ven inmersos en un proceso de evolución y entendimiento —a excepción del capibara, que se muestra relajado y sereno de principio a fin—, dónde podemos observar como las experiencias vividas y la confianza forjada los van cambiando conforme avanza la película. Una constante superación de adversidades para cada uno de ellos, que enfrentan un arco de evolución desde perspectivas diferentes. 

Al final, se trata de una aventura de emociones fuertes, dónde todo aquel con un gato, una mascota o que simplemente ame a los animales sufrirá cada vez que el felino protagonista se enfrenta a situaciones que ponen su vida en riesgo. Pero entre la angustia y el estrés, la película también encuentra momentos enternecedores y de paz, un balance perfecto que te mantiene pegado a la butaca en todo momento. ‘Flow’ se aleja de los tópicos de la animación y ofrece un producto audiovisual único que se merece todos y cada uno de los reconocimientos obtenidos, especialmente aquel de mayor renombre: el Oscar a mejor película de animación. Una obra que promueve reflexiones acerca del sentimiento de comunidad o del trabajo en equipo, pero que también pone en manifiesto la infinidad de posibilidades que permite el cine de animación y su inacabable abanico de oportunidades. Todo un viaje sensorial, conmovedor y disfrutable para todos los públicos.

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