Matthew McConaughey y Woody Harrelson dan vida a dos detectives de policía que deben sumergirse una investigación oscura e inquietante que los perseguirá 17 años después

Llego tarde, 11 años tarde, pero supongo que aún así merece la pena escribir sobre semejante obra de arte. True Detective —temporada 1, Tierra Oscura— era de esas tareas pendientes que tenía del mundillo, esa serie que tantas veces me han recomendado y que ha ido cogiendo polvo en mi watchlist hasta el día de hoy. Y no sabía lo que me estaba perdiendo. Ocho capítulos de un thriller policiaco con tintes psicológicos y, en ocasiones, de terror que han convertido True Detective en una miniserie aclamada por la crítica profesional y el público convencional. Si es o no la mejor miniserie de la historia es un debate interminable, pero sin lugar a dudas merece formar parte de él.
Para comenzar, me gustaría destacar los cuatro pilares fundamentales sobre los que se sostiene la serie. Uno de ellos es la puesta en escena y dirección de Cary Joiji Fukunaga, que a través de un trabajo excelso nos conduce por escenas capaces de transmitir un sinfín de emociones. Desde planos abiertos sumidos en un vacío que ahoga, a secuencias de investigación pura y dura que plasman el arduo trabajo detectivesco que supone enfrascarse en un caso de tales dimensiones, rozando la obsesión y la locura. Por no hablar de la forma en la que Fukunaga nos sumerge en esa sombra satánica y de culto, en ese miedo latente que acecha conforme transcurren los acontecimientos.
El guion, por otro lado, a cargo de Nic Pizzolatto es sencillamente excepcional. Algo difícil de volver a ver. Pizzolatto brinda unos diálogos a la altura del mejor escritor, que dotan a la serie de una profundidad que excede lo meramente policiaco. Moviéndose entre tonos grises, psicológicos e incluso filosóficos, el guion es la herramienta perfecta para trascender la pantalla y plantear reflexiones en aquel que tiene el placer de escuchar las palabras de un personaje qué fácilmente se coloca como uno de los más grandes de la historia de la televisión, Rust Cohle. Y es qué para que un guion como el que describo sea concebido como tal es necesario que la interpretación acompañe, y en esta caso no sólo lo acompaña sino que lo estruja hasta su última gota.

Matthew McConaughey y Woody Harrelson son los dos grandes protagonistas y las últimas fichas que componen los cuatro pilares que hacen que True Detective sea una verdadera obra maestra de la televisión. Ambos interpretando dos detectives muy diferentes, con papeles que contrastan y en los que ahondaré más adelante, pero con la imperiosa necesidad de enfatizar que tanto McConaughey como Harrelson terminan de elevar la serie hasta, para mi, la perfección. Su labor sobre personajes tan complejos, con sus respectivas cualidades y defectos, profundos, con capas y moviéndose entre la densa oscuridad inquietante que propone el caso, es brillante y son capaces de hacer al espectador partícipe de toda sensación vivida por la dupla, tanto profesional como personal. Es fácil decirlo a posteriori, pero sin ellos y esa química tan especial y efervescente True Detective no sería lo mismo.
Pero, ¿de qué trata esta primera temporada de True Detective? Rust Cohle —Matthew McConaughey— y Martin Hart —Woody Harrelson— son dos policías estatales de Luisiana encargados de investigar el asesinato de una mujer en unas condiciones que invitan a pensar en cultos satánicos, rituales o la obra de un asesino en serie. Atada a un árbol, decorada con símbolos de procedencia desconocida y rodeada de elementos que anticipan la oscuridad en la que están a punto de sumergirse. La entrada a un infierno que cambiará a nuestro protagonistas física y mentalmente, descendiendo a lo más profundo de un entramado crudo, violento y tenebroso. True Detective presenta los hechos de una forma muy particular, ambos policías relatan los hechos desde el presente, 17 años después de investigar el asesinato y siendo interrogados por separado al haberse reabierto el caso. En este sentido, se juega con ambas líneas temporales y hallamos ese sutil contraste entre la forma en la que ambos detectives cuentan los hechos y como sucedieron en realidad, con pequeñas pero significativas diferencias.

Cómo mencionaba anteriormente, la serie se apoya en sus dos personajes protagonistas como motor principal. Y si bien es cierto que el personaje de McConaughey está un escalón por encima en este sentido, me gustaría darle su espacio a “Marty” antes de profundizar sobre los múltiples aspectos que cimientan al detective Cohle como una eminencia entre personajes televisivos. Martin Hart es un hombre de familia, casado y con dos hijas, tradicional, tosco y con cierto tono humorístico siempre bajo un manto crudo. Un hombre de gran evolución, castigado por sus aventuras y torpeza matrimonial, que sirve como contraparte racional a los delirios nihilistas de su compañero de trabajo. A pesar de su evidente impulsividad y violencia, así como un muy cuestionable trato hacia la mujer, Marty complementa a Cohle a la perfección, aunque les cueste más de una década llegar a esa conclusión.
Ahora bien, Rust Cohle es un mundo aparte, un hombre sumido en un pesimismo existencial que no esconde, sino que manifiesta sin miedo. Son continuas sus referencias a sus creencias a través de discursos existenciales, metafísicos e incluso espirituales. Un personaje profundamente nihilista, oscuro y traumado. La vida de Cohle es triste, arrastrando el dolor de un hija perdida, no sorprende la forma en la que cuestiona el propósito de la vida y pone a voz a una negrura espesa que funciona a la perfección con el tono de la serie. Además, Rust es incansable y obsesivo, el eje principal por el que avanza la investigación en el primer tramo de la temporada, pero también es un ser completamente asocial y nulo en el trato con otras personas. Frívolo y solitario, Rustin Cohle es un personaje único del que me he quedado totalmente fascinado. No simpatizo ni comparto la mayor parte de sus opiniones, sino que lo admiro desde una perspectiva narrativa en la que agradezco haber podido escuchar sus reflexiones del mundo y la humanidad.
«Creo que la conciencia humana es un trágico error de la evolución. Nos hemos vuelto demasiado auto-conscientes, la naturaleza ha creado un aspecto separado de ella misma, somos criaturas que no deberíamos existir según las leyes de la naturaleza. Somos cosas que existimos bajo la ilusión de tener un yo; una acreción de sensorialidad, experiencias y sentimientos, programada con la total seguridad de que todos somos alguien, cuando en realidad todos somos nadie.»
Rustin Cohle (Matthew McConaughey)
True Detective es una joya que todo amante de las series debería ver. Desde sus diálogos, a sus interpretaciones y puesta en escena, una obra que te mantiene pegado a la pantalla y te induce a ver capítulo tras capítulo. Si no habéis tenido oportunidad de verla no cometáis el mismo error que cometí yo en su día y ponérosla cuánto antes. No os va a defraudar.

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