La historia de un niño acusado de matar violentamente a una compañera de clase que ha sobrecogido el corazón de muchos de sus espectadores

Una de cal y otra de arena para Netflix, dos productos de la misma empresa que veían la luz prácticamente al mismo tiempo y con dos resultados muy diferentes. Mientras que Estado Eléctrico —estrenada el 14 de marzo— se enfrenta a una crítica durísima en la que se pone en tela de juicio su falta de vida y un presupuesto exagerado para una película tan sosa, Adolescencia —estrenada el 13 de marzo— ha sido todo un éxito. Aclamada por la crítica y el público general, una miniserie que ya comienzan a nombrar como uno de los grandes títulos del año.
Y es qué, tras haber visto Adolescencia recientemente, puedo entender las reacciones que ha obtenido. Son cuatro episodios de aproximadamente una hora que comencé con la idea de ver tranquilamente, sin prisa, y que he terminado por terminar de una sentada. Cuando miré el reloj eran las dos de la mañana y no me arrepentía de nada. La serie creada por Jack Thorne y Stephen Graham —que también actúa en la serie— es sublime y merecedora de todo su reconocimiento.
Adolescencia trata de un niño de 13 años, Jamie Miller, acusado de asesinar a una compañera de su mismo colegio tras asestarle siete puñaladas. Un crimen violento, terrible, especialmente cuando el principal sospechoso es un niño. Pero la verdadera esencia de la miniserie no es descubrir si Jamie es o no culpable de tal atrocidad, puesto que no tardamos en ver evidencias claras que lo demuestran, sino en ahondar en lo que puede empujar a un niño a cometer semejante barbaridad. Para ello, la obra ahonda sobre distintos elementos de su entorno que le han podido influenciar y acompañamos a la familia, a la policía y al propio Jamie en búsqueda de respuestas.

Para comenzar me gustaría destacar la calidad técnica por encima de cualquier otro elemento que compone la producción. Para mí, gran parte del éxito de Adolescencia reside en la particular forma en la que se ha grabado cada capítulo. Una sola toma, sin cortes, un plano secuencia de principio a fin del capítulo. Se trata de una técnica cinematográfica que ya se conocía, pero utilizada para momentos o escenas puntuales y no para abarcar la totalidad de una narrativa. Un verdadero desafío técnico e interpretativo que ha dado resultado a una joya audiovisual. La forma en la que la cámara sigue a los personajes a través de los escenarios y como esta se mueve junto a ellos dando la impresión de que el espectador está ahí mismo agrega un ritmo especial, un realismo cuidado a la perfección que hace que sea muy sencillo sumergirse en la trama.
Pero es que además, sumado a la técnica anteriormente mencionada, es de obligada necesidad detenerse sobre la interpretación del elenco de actores. Y, a pesar de que todo actor con peso en la historia nos ofrece una actuación digna de reconocimiento, yo voy a centrarme sobre las que, personalmente, más han destacado: Owen Cooper cómo Jamie Miller, Stephen Graham como Eddie Miller y Erin Doherty como Briony Ariston.
Comenzando por nuestro protagonista, lo primero que sorprende es que esta sea la primera experiencia interpretativa de Owen Cooper, un joven de 15 años capaz de transmitir como un actor consolidado. Su forma de actuar es otro de los grandes puntos fuertes de la serie, ya qué Cooper consigue que el espectador sienta el proceso por el que pasa el protagonista y la evolución conforme avanza el caso. De un joven asustado e inocente a uno consumido por la rabia. Sin querer dar demasiados detalles, el episodio tres —que curiosamente es el primero que se grabó— es el ejemplo perfecto de todo lo que tiene que ofrecer este jovencísimo actor.

Por otro lado, Stephen Graham y Erin Doherty, se suman a esta oda a la interpretación. Graham en el papel de padre es impecable, esa clase de actor que consigue superarse papel tras papel y que no deja de sorprender. Doherty, no obstante, tiene un mérito especial. Ella aparece únicamente en uno de los capítulos, es la psicóloga de Jamie y todo el transcurso de ese episodio transcurre en un entorno cerrado, un cuarto en el que conversa con el niño. Para mi el mejor de los cuatro capítulos. Doherty sobrecoge con una sencillez pasmosa a medida que indaga en los pensamientos del protagonista, descubriendo poco a poco una realidad cruda que sabe transmitir a través de unas facciones muy expresivas.
“Podríamos haber hecho un drama sobre pandillas y crímenes con cuchillo, o sobre un niño cuya madre es alcohólica o cuyo padre es un abusador violento. En cambio, queríamos que miraras a esta familia y pensaras, Dios mío. Esto podría pasarnos a nosotros” son palabras de Stephen Graham en una entrevista para Netflix y lo que considero que es la guinda en el pastel. Adolescencia es una miniserie que invita a la reflexión de la realidad en la que vivimos de una forma muy dura, como un puñetazo en el estómago. Cabe recordar que está basada en varios sucesos reales, en la enorme influencia que pueden llegar a tener internet y las redes sociales en la juventud de hoy en día. Un drama desgarrador, incómodo por momentos y que sabe tratar temas tan complejos como la masculinidad tóxica, el cyberbullying y la familia. Al final, vemos un fiel reflejo del panorama en el que crecen las nuevas generaciones y la peligrosidad de un entorno tan desconocido para los adultos.
He leído que hay quien invita a usar Adolescencia en colegios e institutos como herramienta educacional y lo cierto es que no me parece mala idea. Este tipo de educación se hace más necesaria que nunca.

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